martes, 22 de febrero de 2011

A ojos vista

A veces, muchas, la vista es engañosa, pues resulta que no se ve igual mirando hacia fuera que hacia dentro. Curioso, no es cuestión de distancia, enfoque o prisma, es cuestión de profundidad. Con los ojos puestos en el exterior, se apunta al horizonte, se obtiene distancia y perspectiva. Altos, bajos, perfiles, colores, texturas... tantos y tantos matices. Sin embargo, cuando uno se dispone a repetir el ejercicio tornando la vista adentro, desaparecen las dsitancias y alturas y se anteponen pliegues, rugosidades, y alguna que otra callosidad. La vida adentro es grisácea, a veces nívea y otras negra. Puede que la solución no esté en ninguno de los dos extremos, sino más bien en la contraposición de los mismos. Reflejarse en un espejo es una buena fórmula de exteriorizar lo interior, de verte con "otros ojos", desde fuera y así poder contemplar todo el universo de matices que te enfrentan y te reconocen.

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